"Y qué he perdido yo?", me pregunté, rascándome la cabeza. Sin duda alguna, había perdido muchas cosas. Si las hubiera apuntado todas en una libreta, posiblemente habría llenado un cuaderno entero de la universidad. Había sufrido mucho la pérdida de alguna de ellas a pesar de que, en el momento en que las perdí, creí que no importaba demasiado, pero con otras me había sucedido lo contrario. Había ido perdiendo diversas cosas, diversas personas, diversos sentimientos. En el bolsillo de un abrigo que simbolizara mi existencia, se habría abierto un agujero fatal que ningún hilo ni aguja podrían coser. En este sentido, si alguien hubiera abierto la ventana de mi piso, se hubiese asomado dentro y me hubiese gritado: "¡Tu vida es un completo cero!", yo no habría tenido ningún argumento en cotra que esgrimir.
Sin embargo, si hubiera podido volver atrás, me daba la sensación de que habría reproducido una vida idéntica a la que había llevado. Porque ésta -esta vida llena de pérdidas- era yo.
¿Tenía que llamar a esto desesperanza?
Supongo que eso es que lo prefieres asi. Nunca perdi la esperanza, hasta haber leido tu entrada. Pero al menos por una vez lo has dicho medianamente claro, eso si, preferiria que me lo hubieras dicho personalmente.
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